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miércoles, diciembre 27, 2006

Volar


El súbito temblor de tu mano en mi pecho
destruye los paréntesis de anteriores esperas.
Y tu voz, que se quiebra en el mínimo aliento,
se reduce a las sombras del instinto encendido.

Vuela tu voz de nieve entre mis ojos tímidos
y se adentra en la ciega mirada de la noche.
El páramo respira con su sangre esteparia
y se escapa la muerte entre tus labios jóvenes.

Duerme la tempestad, la salvaje tristeza
que arranca a dentelladas el sabor de tu carne.
Es la subida lenta, pero creciente incendio
de las llamas que barren la inquietud de los dedos.

El mundo es suficiente si se apoya en tu mano,
si me besa en tu boca la soledad del miedo,
si me deja que el gusto ardiente de tu piel
entre en todos mis poros como una sombra fácil.

La luz es un relámpago de pétalos de fuego,
que vive en tu mirada de quietud expectante
.
Dame tu brazo fuerte para extirpar de golpe
todos estos rincones donde mueren mis sueños.

martes, diciembre 12, 2006

Frío



Soy yo.
El mar deshilachado
rompe a golpes de ola el horizonte.
Y el frío se desmaya
sobre todos mis pasos.
Me salpica la sed de la penumbra
y busco en tu mirada
ese dolor salvaje de todos los encuentros.
Imperceptible, el sueño,
se cuela entre los pliegues de mis labios.
Yo quiero retenerte,
explicarte en mis venas,
contenerte del todo.
Pero tu voz me deja,
se aleja con el eco silencioso
de los pasos gastados.
Los ruidos que me aturden
llenan todos mis poros.
Y la exigencia cae
en el abismo roto de todas las esperas.
Descifré tus palabras:
la destrucción que llevas
corresponde a ese río
que arrasa con murmullos
lo que encuentra a su paso.
Y ya me he decidido:
Quiero estar en el centro cuando pases.

Poesia en Audio, Frío

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domingo, noviembre 26, 2006

Urgencia


Tenerte entre mis brazos y aplastarte,

repasarte los ojos y la boca,

convertir en placer la dura roca,

volver a adormecerte y despertarte.


Perderme entre tus besos y besarte,

desnudarte con furia y prisa loca,

me estremece tu voz cuando me toca

la caricia que quiere destrozarte.


En la sombra sin tregua, el movimiento

de dos cuerpos que quieren serlo todo,

y desbordarse en ríos mientras tanto.


La noche nos esconde entre su manto,

me muero sin saber cuál es el modo

de prolongar sin fin este momento.


Y prolongo, y prolongo lo que siento,

pues no quiero acabar lo que me acaba,

ni quiero ya perder tu dulce aliento.

sábado, noviembre 18, 2006

Alguna tarde de éstas




Porque sé que pensar ya no me importa,
quiero
desnudar tu palabra y verte entero.
Sé que tu olor te viste
y que quieres mis manos para guardar tu mundo.

Alguna tarde de éstas,
cuando el ocaso llegue
y nos pida la prisa
que volvamos los ojos,
dejaré que tu cuerpo se ilumine
con la voz que reclama la pasión,
dejaré que tus músculos desnudos
presionen mi existencia.
Y el ahogo será volver de nuevo

al continuo cansancio de la vida.




lunes, octubre 30, 2006

A un escritor



Si pudiera contarte

que el mar no nos contiene,
que es un trozo de llanto
que muere en el silencio.
Si pudiera decirte
que todo lo que importa
ya lo tienes tú dentro,
y en tu voz permanece.
Si supiera escribirte
un suspiro del aire,
el sueño de la noche
o el fulgor de la luna,
me gustaría decirte
que me has robado el alma
sólo con esas líneas
que brotan de tus dedos.


A un buen amigo, le devuelvo estas palabras que siempre le pertenecieron

miércoles, octubre 18, 2006





Duele saber que el mundo
se reduce a tus ojos,
que tus labios de seda
dirigen mis palabras,
que tus dedos despiertan
la inquietud de la noche,
y que todos mis fuegos
los enciende tu voz...
Duele saber que existes
porque no puedo verte,
porque el mundo se para
cuando el silencio llega,
en silencio y sin ti.

sábado, octubre 07, 2006

Lluvia dulce



Llueve sobre las calles.
Con un soplo de tiempo
se estremecen los ecos de la noche.
¡Cuántos sueños distantes
se agotan en el borde de tu risa!
¿Qué será de tu luz
y de tus manos suaves?
¿Dónde estará el cristal de tu sonrisa?
Lejano, con el viento
se reaviva el incendio
y se derrama, como una gran pupila,
bajo la última estrella.
Sueños de los planetas,
soledades herméticas,
explosión de los dedos
sobre la carne muerta.
Y este amargo dulzor
de las esperas.

Atahualpa Yupanqui, A que le llaman distancia?

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viernes, septiembre 22, 2006

Amor de postal

Me enamoró tu voz y tu sonrisa,
la cálida inquietud de tu mirada,
tus palabras de magia destilada
y la sorpresa dulce de tu risa.

Pasaste en mi camino con la prisa
del que va sin destino, hacia la nada;
me descubrió tu luz, y, deslumbrada,
me rendí a la frescura de tu brisa.

En la noche recuerdo tu dulzura,
tu silencio terrible y doloroso,
y el olvido, impasible, de tu boca.

El tiempo distanció, con su amargura,
tu cuerpo de mi cuerpo tembloroso.
Y convirtió tu amor en dura roca.

viernes, septiembre 15, 2006

Días felices


Para un amigo muy querido.
Feliz cumpleaños, Fran.

Las violetas al fondo.
Y ese dolor de nubes
desnudando los labios de la vida.
Como una herida abierta,
estremecida al viento de los mares.
Todo se va quedando
adherido a la piel de los recuerdos.
Extremidades solas.
Ecos que son susurros
amarillos de tiempo.
Y en el final del viaje
la sensación del hueco más profundo.
Y este dolor carnívoro
penetrando los huesos.
Al fondo, las violetas,
con su rumor lejano de misterios,
se extienden como velos silenciosos
en murmullos de olvido.


Bob Marley - Happy Birthday

Bajar

miércoles, septiembre 06, 2006

Pasa la nube de dolor


Me han hundido en el cieno
de los sin esperanza,
me han echado a la nada
esos hombres de siempre.
Y ¿qué hice yo?.
Yo nunca pisé tierra de nadie,
no mentí,
me entregué a tu silencio
con palabras abiertas.
La vida se detuvo ante mis pasos
y golpeó, de nuevo, con sus puños de bronce.
Me derribó tu olvido
por un largo momento.
Pero la nube pasa,
la tormenta decrece,
todo se va perdiendo
bajo la boca verde de la hierba.

domingo, septiembre 03, 2006

lunes, agosto 28, 2006

Presagio


No sé por qué vine a fijarme en ti.

Me deslumbró la luz de tus palabras

y ese collar de lunas transparentes

que adornaba tu pecho.

Me desnudó la fuerza de tu voz.

Vine hasta ti sin armas

Y en la noche doliente de tu ausencia

me atropelló la sombra de tu risa.

Mi corazón sangró, y en carne viva

te buscó en las llanuras esteparias.

Mi cuerpo te buscó

con ardiente deseo.

Sólo encontró el recuerdo de tu paso

entre los fríos páramos de mármol.

Llegó otra vez la angustia,

la soledad más triste.

Y el silencio.

martes, agosto 22, 2006

Sin ti (no puedo)



Los dientes de la noche
muerden en los extremos de mi tiempo:
las horas que no pasan,
los minutos
se escurren por los pliegues del silencio,
horas llenas de ti
hasta perder tu imagen ...
No encontraré tus ojos
cuando lleguen las aguas del otoño.
No encontraré tu voz
en la boca del viento.
Será como caer,
caer sin pausa,
a las profundas fauces del olvido.
Necesito tu voz,
al menos tus palabras,
para seguir viviendo.



Para J.E.B., siempre en mi recuerdo: Felicidades.

martes, agosto 15, 2006




- ¿Recuerdas?

Hubo un día de besos transparentes.
Las manos se atrapaban
en el calor cercano de la piel,
el aire se espesaba
en las palabras cálidas,
y la luz se escondía
en el temblor del beso primerizo.
¡Cuánta dulzura quieta
en tus dedos de seda!.
- Lo recuerdo.

Y estallaba, de pronto, el mismo sol.
Labios ardientes bajan
en la quietud serena del silencio,
el aire descendía
hasta los huecos solos de mi cuerpo.
me llenaba de fuerza
tu voz de terciopelo.
Era toda mi vida
la que pasaba, lenta, ante mis ojos.
- Lo recuerdo.

Hubo un día en que manos gigantes
taparon nuestra luz,
luché contra la asfixia
temblorosa en el miedo del olvido.
Te busco. Y, mientras tanto,
no sé cómo enfrentar la noche y su silencio.

- ¿Recuerdas?.

martes, agosto 08, 2006

A Un Mexicano



Eres el corazón de la poesía,
acabas con mi voz y con mi aliento,
eres irresistible como el viento
y a todos nos arrastra tu alegría.

Llegas para anunciar un nuevo día
con palabras de amor y de tormento,
y nos haces vivir un sentimiento
cuando todo parece que dormía.

Eres la juventud y eres la vida,
la irrepetible voz del corazón.
Eres la noche eterna y la mañana

que despertó mi juventud dormida.
Por ti susurra el viento en mi ventana.
Por ti, Jorge, florece la ilusión.

lunes, agosto 07, 2006

La desesperanza

Vivir, morir contigo,
sin cuerpos falsos que oculten tu mirada.
Estallar de repente
y ser un astro
en los huecos ocultos de tu cuerpo.
Pero el dolor se esconde
y nos acosa.
En mis sueños te veo.


Estás aquí conmigo,
En los pliegues oscuros de la noche,
en el beso tranquilo del silencio.
Y yo, no quiero nada nuevo:
Sólo coger tus manos
para cruzar el mundo.
Somos como dos ríos
que corren a la par hacia el océano.
Encontraré tu voz en otros labios,
saldrán tus labios pálidos
a saludar mi boca.
Encontraré tu piel dentro de un tiempo.

lunes, julio 24, 2006

El silencio


NO SE SALVA EL CREPÚSCULO:
El salto hacia la nada es demasiado grande.
Llegaste del abrazo enardecido
de un batallón de sueños sin retorno,
querías, entre el sol, tocar las nubes
y tu mano gigante desbarató mi mundo.
Dejaste, indiferente, mi batalla caída,
no pude ni luchar,
expulsada del sueño de tu abismo
por tu capricho vano y misterioso.
Trataré de salvar la última noche,
las últimas caricias tan distantes,
y aquel collar de lunas transparentes
que adornaba tu pecho.
Cogeré de tus ojos ambarinos
la tarde derramada,
la arista dulce de tu risa suave
y tu palabra abierta,
y me diré, despacio, que ya no somos dos,
que me has dejado,
y que ahora,
mientras cruje tu imagen de papel,
teje la noche inmensa sus redes de silencio.

viernes, julio 21, 2006

jueves, julio 13, 2006

La pasión



"La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, lo mismo que el viento apaga las velas y aviva las hogueras."
La Rochefoucould
Entregados al sueño imaginario
se desgranan los brazos como besos,
como peces cautivos
en la malla viviente de las algas.
Acumulo existencias transparentes
en la ternura suave de la noche.
Piel y sentidos sólo,
poblando la quietud del horizonte.
Y el incendio que estalla, de repente,
brotando por los poros de la vida.
Labios como planetas
circundan el anillo de tu imagen.
La luz se descompone en nuestras manos
con abrazos gigantes.
¡Son tal dulces las sombras
cuando puedo
ser la expresión de la pasión desnuda!

jueves, julio 06, 2006

Poema en Audio, La Luz



Poesia en Audio, "La Luz" de Manuela Galdon por Jorge Santana

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Pintura por Ivar Kronick, La Gran Luz

sábado, junio 24, 2006

Sola


SOLA
Sola ante vuestras voces.
Como un hombre que sangra
a corazón abierto.
Sola ante los misterios
de un pasado entrañable,
perdido para siempre
entre las aguas grises del silencio.
Me repito: recuerdo
aquellas tardes frías
en el balcón del tiempo,
el rumor de la lumbre,
el dolor de las voces
en los dientes del fuego.
Todo se va mezclando
en el rincón oscuro
donde duermen los sueños,
los colores del aire
y las risas tranquilas de los cuentos.

domingo, junio 11, 2006

Úsame

He publicado estas líneas en "La pecera" http://lapeceradelasletras.blogspot.com/, con el tema que me propuso un compañero.

ÚSAME
Cuando llegue la luz, abre mis ojos,
recórreme otra vez con tu silencio
y no me digas nada.
No quiero ya saber de tus recuerdos,
de tu amor por el mar y por la noche,
no quiero que me encuentren las estrellas
recordando tu voz.
Sólo tus manos cálidas, tus dedos silenciosos,
tus besos apagados por el mar del deseo,
y que llegue de nuevo la mañana
cuando tu ya no estés para mirarme.
Cuando llegue la luz, cierra mis ojos,
no quiero ver la sed de tu mirada,
ni la disculpa ciega de tu pecho.
Necesito pensar que es necesario
usar , de vez en cuando, un cuerpo.
Y olvidarnos.

sábado, mayo 27, 2006

La imagen



Si recuerdo tus ojos
todo un río de fuego
estremece mi cuerpo.
Ahora ,que estás tan lejos de mi voz,
me recorren tus labios silenciosos.
Sólo piel y sentidos
para encontrar tu imagen.

miércoles, mayo 17, 2006

viernes, mayo 12, 2006

El dolor


Negros labios del viento
donde remansa el grito
como un mar coagulado.
Avenidas de espuma,
de miradas perdidas,
donde el miedo se cuaja
con un dolor antiguo.
Desmedidos silencios
donde cobardes ecos
sustituyen al vuelo de la risa.
Instantes como besos,
donde el amor se pudre
silencioso de miedo.

miércoles, mayo 03, 2006

El recuerdo


Vienes a mi recuerdo
perfumado de lluvia,
una caricia apenas
sobre la piel del tiempo.
Estás en ese espacio
del pasado incompleto,
donde sólo las sombras
tejieron nuestros nombres.
No me atrevo a tocarte.
Se me enredan los labios
en las palabras huecas
que nunca pronunciamos.
No puedo ni nombrarte:
Tu recuerdo es tan fuerte
como un volcán que apaga
sus fuegos en tus ojos.
Si persiste su furia,
ronco temblor del trueno
en la carne encendida,
sacaré de las sombras tus manos y tu boca,
para besarlos luego.

sábado, abril 22, 2006

El olvido


Nunca pensó la noche
despedirse del sueño de tu risa,
ni mis manos quisieron
alejarse del hueco de tus dedos,
nunca quiso mi voz
vibrar en otros labios,
ni el olvido imposible
de tus ojos
se derramó en el hueco del silencio.
Pero llegó la sombra,
con su cuchilla fría
y cercenó las voces, y los besos.
Y las dulces caricias del otoño

fueron ecos de olvido y de recuerdos.

domingo, abril 02, 2006


Los dientes de la noche
muerden en los extremos de mi tiempo:
las horas que no pasan,
los minutos
se escurren por los pliegues del silencio,
horas llenas de ti
hasta perder tu imagen ...
No encontraré tus ojos
cuando lleguen las aguas del otoño.
No encontraré tu voz
en la boca del viento.
Será como caer,
caer sin pausa,
a las profundas fauces del olvido.
Necesito tu voz,
al menos tus palabras,
para seguir viviendo.

domingo, marzo 26, 2006





No nazcas, corazón.
Entre las sombras
es más dulce el minuto.
Y las horas se entregan sin misterio,
derramándose en ojos apagados.
Se desnudan las bocas
apretándose en besos sin distancias.
Se resuelve la incógnita del mundo
sin llegar al incendio de las manos.
Es más luz tu mirada entre las sombras
y más eco tu voz sin tempestades.
No rompas, corazón,
mientras palpitas,
la dulzura de ser sólo silencio.

miércoles, marzo 15, 2006



Dice PESSOA: "Si el corazón pudiera pensar, se pararía".
En la primera página de "El libro del desasosiego" nos encontramos ya con esta descorazonadora advertencia. La lectura continúa con un desalentador camino de angustias y zozobras, aunque éstas últimas sin apenas importancia, ya que predomina el estado de parada, de continua duda sobre la vida y sobre los sentimientos. Sólo una cosa parece ser cierta: el hombre es un ser desosegado, vive en el desosiego y en él se crece. ¿Para qué luchar, entonces, por conseguir la paz con uno mismo?.

domingo, marzo 12, 2006

Llueve



La tarde me aprisiona con su abrazo de plomo,
la sensación de asfixia
comunica a mi piel ondas ardientes.
El aire es un latido que derrite
las líneas de tu cuerpo,
tus dedos silenciosos,
la curva de tus labios,
fugaces, como un beso...
De repente las nubes quieren volverse mares,
se abren negros silencios
en la humedad del cielo.
Llueve.
En mi corazón, las gotas silenciosas
emborronan tu imagen.
Durante unos segundos
todo el mundo parece desplomarse.

miércoles, marzo 01, 2006

Una mirada




Mucho más necesaria
que tu mirada fija
es tu mano en mi mano,
sosteniendo mi mundo.
Puedo ver, si me miras,
pero amo tus ojos
como un mar tempestuoso
quiere a todas sus olas.
Puedo tocar tus dedos
y aprender a nombrarte
como si fueras nuevo.
Porque tus manos tiemblan
en el suave recorte de la noche
y buscan en mi cuerpo
la salvaje dulzura del silencio.
Puedo verte:
Si tú me estás mirando
el mundo es una sombra
que apenas si nos roza.

miércoles, febrero 15, 2006

Juegos poéticos


El escritor dominicano Víctor Manuel Ramos en su blog "Libro abierto" http://www.victormanuelramos.com/ me pasa un juego poético al que no puedo resistirme. Estas son las reglas del juego:


Cada jugador invitará a sus participantes, indicándoles las reglas del juego y avisándolo en su blog. El invitado iniciará su composición con la frase "pivote" del participante anterior, quien deberá resaltarla con cursivas... La forma será de Tanka (tipo de poesía tradicional japonesa.)La forma tradicional consta de cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas. Un tanka puede ser un texto, dividido en cinco partes, usando treinta y una sílabas o menos, permitiendo que fluya la prosa poética dictando la longitud de las líneas que quedarán separadas por signos de puntuación. (La disposición de las sílabas puede ser irregular pero siempre conservando el mismo número de versos) El invitado elegirá la unidad rítmica que prefiera. Debe existir el concepto de ‘pivote’, o eje del poema: en algún punto en la tercera línea va a existir una imagen que relaciona o liga las dos primeras líneas con las dos últimas. El tema será libre. Cada participante debe señalar el blog del que proviene y enlazar a los blogs invitados.


La palabra por la que tengo que empezar yo mi juego es artificio y aquí está, aunque difícil me lo ha puesto:


Artificio
parece nuestro beso.
Estremecido
silencio de la noche
en tu boca de ausencia.

Yo, conforme a las reglas del juego, le paso este reto a Rafael http://www.rafaelrobles.com/ , que, si quiere participar en su blog "Vida de profesor", tendrá que empezar su "tanka" con la palabra estremecido .
¿Y qué se saca de todo esto? Un par de enlaces a otros puntos de la blogosfera y un rato de incordio y de conversación con los amigos.

domingo, febrero 12, 2006

Poema de amor




POEMA DE AMOR PARA TU BOCA


Pienso que somos nuevos,
pieles hechas de tiempo
en el ardor salvaje de la noche.
Nos estrena la aurora,
en su mirada vamos como gotas
de sangre y de silencio,
vamos en nuestras manos
conociendo rincones misteriosos,
en nuestros ojos vamos,
pidiéndole a la vida
su tributo de tiempo.
En tus labios me quedo,
temblando ante el recuerdo de tu boca,
sintiendo tu caricia necesaria
como una mano abierta entre mis manos.
Lo demás no me importa.
Me quedo entre tus brazos.

sábado, febrero 11, 2006

Historias inconfesables. Y 3

(Obra de Manu Muniategiamdikoetxea-Arco 2006)

Historias inconfesables Y 3

Después de tanto pensar en él y destrozarme los nervios con noches sin sueño, caminaba por las calles como sonámbula, absorta en mis historias interiores, en las que el mundo era de otra manera: yo tenía 15 años menos y estaba libre. Podía llamar a un chico que sabía que iba a conocer dentro de 14 años y comprobar si él tampoco tenía deberes que cumplir. Me retorcía el corazón al llegar a este punto ¿y si él estaba casado? ¿y si no vivía el mismo sueño y no me reconocía? ¿y si...?
Pero ¡qué absurdo!. Sin necesidad de irse al pasado, sin tener 15 años menos, él está casado y además tiene 2 hijos que lo llenan de ilusión, y además, felizmente ( casado)...
Por eso tenía que soñar mientras atravesaba las avenidas saltándome los semáforos, o mientras esperaba a que se pusiesen verdes y todos los coches me pitaban, o en los intervalos del trabajo, o entre los pliegues de una sonrisa dirigida no sé ni a quien... Las cosas que me invento son las únicas que me dan algo de satisfacción. Por eso, después de un año, sigo soñando.

martes, febrero 07, 2006

Historias inconfesables. Y 2


Historias inconfesables 2

Una tarde hablé con mi hija. Le dije que había conocido a un hombre de los que te arrebatan el aliento, que no sabía por qué me tenía que pasar esto ahora. Sus ojos brillaron con entusiasmo y me pidió detalles. Por una vez, fuimos dos amigas contándonos nuestras cuitas de amores contrariados. No entendió mi dolor: ella pensaba que debía seguir el camino que mi corazón me indicaba. Al menos, eso es lo que ella haría. ¿Para qué empeñarse en repetir, un día y otro día, la misma rutina que nos llevaba a la naúsea más profunda?. Se ofreció para hablar con su padre. Ella, siempre tan resuelta, creía que con dos palabras se solventarían los problemas. Pero yo no quise. Hay cosas que no tienen remedio.

El alma tiene muchas recovecos y en ellos vamos almacenando las alegrías, las penas, los temores y los imposibles. Los vamos llenando de niebla y de tiempo hasta que ya no duelen, sólo laten con un agónico estertor de vez en cuando. Pero cerrar el corazón ya no es tan sencillo: está el dolor y la sensación de la muerte que se posa en la boca con la sequedad amarga de la ausencia . Y con ellos se nos van los únicos aliados posibles para encontrar todas las llaves que lo cierren.



sábado, febrero 04, 2006

Historias inconfesables

HISTORIAS INCONFESABLES
Todo empezó aquella noche de verano en la que me encontraba bastante enfadada con mi hija. Me había gastado una de sus burlas de adolescente y yo ya estaba con el corazón bastante herido como para que no me hiciera sentirme bastante mal.
Mientras aguantábamos, de pie y con un aire lleno de arena, las noticias de no sé qué poblado ibérico que había sido excavado o estaba en plena excavación a las orillas de un río ya seco, no dejaba de pensar en mi hija, en los problemas que tenía con ella, en su falta de afecto. Es terrible descubrir que la persona que quizás más quieres en este mundo, por la que darías todo, tu preciosa niña, no te quiere ni le importas casi nada. Así me sentía yo. Y entre las piedras prehistóricas y las explicaciones del guía, mi alma torturada dejaba escapar destellos de lágrimas que disimulaba con el viento y con un nervioso trajín.
Mis pensamientos corrían lentos y desesperados. Desde la hija iba al padre, también sin afecto. Estaba entre extraños que ni sabían ni querían saber de mí. ¿Cómo pude engañarme tanto?. Nadie quiere escuchar el estruendo de su propio fracaso pero ya era hora de reconocerlo. Si lo admitía, tal vez me acostumbraría a vivir con él y aceptaría a esos dos seres, con los que convivía, tal y como eran. Todo había salido mal, pero ellos estaban ahí. Alguna vez me necesitaban y yo tenía que estar por si eso ocurría. Así tendría que transcurrir mi vida.

A las ruinas, siguió una cena con sobremesa y música: comí, reí, bailé.... Yo era el más crudo testimonio de mi fracaso, siempre fingiendo. Entonces apareció él. Un hombre serio que contaba extrañas historias como si fuesen reales. Yo, todavía traspuesta por mis pesares internos, traté de volver al momento real del que hacía muchas horas que me había marchado. Vi sus manos pálidas y sus labios finos que hablaban con un toque de ilusión adolescente. Vi sus ojos cansados parpadear sin esconder un brillo de deseo. Vi su pelo revuelto... Y entonces comprendí que acababa de cometer otro error. Sabía que iba a ser un vuelco brutal, que tendría que renunciar a él porque otros lazos me ataban pero me arrojé a sus brazos como un suicida se arroja, sin dudarlo, desde el piso más alto.
Ha pasado un año y todavía estoy en la caída.

viernes, enero 27, 2006

Entre las aguas

Entre las aguas

I

El mar nunca me gustó. Con sus abrazos fríos y sus rítmicos jadeos, siempre dejó en mí una sensación de desasosiego y de miedo. Siempre me incomodaron su silencio y sus golpeteos continuos. Pero íbamos allí, no sé por qué extrañas circunstancias, repetíamos la visita una y otra vez, fascinados ante la inmensidad gris de la muerte que se extendía a nuestros pies. Los seres humanos insistimos hasta el cansancio en todas las acciones de nuestra vida. Luis tenía que saber que yo no quería ir allí: tenía muchos recuerdos y me resultaría más doloroso decirle que teníamos que dejar de vernos. La experiencia, vital y necesaria, de nuestros encuentros clandestinos estaba en el límite de lo razonable: César pronto se enteraría por alguno de sus amigos y no era hombre de andarse con juegos. Yo tampoco quería prolongar lo que nunca debió ser nada más que un pasatiempo. Y luego estaba lo más importante: los niños. Si César sospechaba algo, se iría con ellos y eso sería más de lo que estaba dispuesta a soportar.

Aquel era un día especialmente frío: la niebla caía con espeluznante precisión sobre el paisaje invernal y ponía vendajes de gasas blancas a nuestros ojos. El sol desparramó unos tristes rayos por aquella cubierta iridiscente y le ofreció su luz. La proximidad de las aguas añadía una nota de dolor a las cárdenas rocas, altas y suaves como manos abiertas. Luis paseaba despacio, se detenía a veces, y volvía a reanudar su caminar cansino e impotente. Me miraba a ratos, como si se despidiese. Empezaba a sentirme culpable.

Y la culpabilidad es algo terrible porque no te deja pensar ni sentir. Yo siempre creí que no había nada más que un poco de comunicación entre los dos; nuestras uniones anteriores estaban cargadas de monótonos y repetitivos paseos por el centro de la vida. Queríamos rescatar algo de aquella juventud, que se nos fue en un soplo, con las brasas de un juego de amor, quisimos andar por el borde del acantilado pero en ningún momento nos prometimos nada, ni nada nos pedimos. Éramos los dos solos. De vez en cuando nos encontrábamos en los umbrales de la desesperanza, cuando las horas nos pesaban como animales muertos, cuando hablábamos solos y nos asomábamos al balcón de los años con la amargura del tiempo perdido, el que no encuentra nadie, el que de nada sirve. Y éramos los dos solos en esos momentos de luz agonizante. Tomábamos nuestras manos como un naúfrago coge una tabla, para salvarnos.

Yo huía de César, de sus cálculos fríos, de su amor quieto y sombrío. Toda mi vida estaba escrita por él, nada escapaba a su control rutinario. Estaba totalmente perdida en las páginas blancas de un cuaderno que nada tendría escrito. Me asustaba pensar en el vacío en el que tanto tiempo había estado dando vueltas. Me buscaba en tus ojos, en tu mirada ardiente, y pensaba que, otra vez, era joven, y mi vida podría salir de las tinieblas de la noche. Yo sola me engañaba. No te encontré en mis sueños, no te encontré en mi vida. Tu corazón estaba tan dormido como el mío, tan muerto y sin sentido . ¿Qué esperábamos de dos soledades que se encuentran?. El resultado no podía ser otro que una soledad mayor, devastadora, de esas que corrompen el alma y minan los cimientos de la tierra. Pronto nos dimos cuenta.

II

La soledad del hombre puede ser tan extensa como el mundo, un universo entero que aplasta nuestras vidas. Cuando Luis intuyó esa niebla negra que los estaba envolviendo intentó, más que nunca, aferrarse a la nada, coger con las dos manos los jirones de ausencia que les iban tiñendo el corazón de negro. Quiso a Paula con locura, con inocente pasión, con desenfrenado deseo. Quiso a la mujer como si fuesen los últimos restos de su vida. Y terminó convenciéndose ello. Pero ahora ella quería dejarlo, había dicho algo de que las aguas debían correr libres, de sus hijos y de no hacer daño a los otros.

¿Qué otros?. ¿Acaso Laura iba a sufrir por él?. No, ella tenía bastante con sus amigas, sus amigos esporádicos, sus sesiones de gimnasia y sus tertulias. Hacía mucho tiempo que su mirada lo traspasaba, era transparente para los ojos de Laura. De vez en cuando se entregaban el uno al otro pero cada cual estaba en su madriguera, escondiendo en la noche la voluntad de ser, pensando en otras cosas. El amor y el deseo habían desaparecido con su vida en común, se arrastraban por los túneles de la convivencia social, escondían sus bostezos entre los pliegues de una sonrisa hipócrita. Y él, siempre tan adolescente, volvía a tener sus diecisiete años cuando Paula lo admiraba y se sentía querido e importante.

Caminaba despacio entre las rocas resbaladizas y peligrosas del acantilado. Una vez, la primera vez que trajo a Paula a este trozo de mar, ella se asustó. Le dio vértigo la escarpada espalda de la casa marina. Pero después, cuando ya habían llegado hasta arriba, su risa cristalina resonó por todos los rincones de las piedras antiguas y saladas. Esta tarde, con el ocaso del sol, las rocas relucían cárdenas y silenciosas, con sus bocas milenarias abiertas al abismo. Paula caminaba despacio, silenciosa. De vez en cuando lo miraba y forzaba una sonrisa triste. Quería hablar con él.

- ¿Por qué no paramos aquí?- gritó Paula.

- No, quiero que subamos a la casa- le respondió Luis.


Paula suspiró y siguió subiendo con la cara seria y preocupada. Luis sonreía. Pensaba en la tristeza de Paula, en su callado caminar. Ella, que hablaba y hablaba, se emborrachaba hablando y escuchando. Ella, que nunca callaba, que siempre tenía que buscar explicaciones a todo, ahora evitaba mirarlo y nada le decía.

Las rocas se hacían más escarpadas. Vio cómo Paula fruncía el ceño, sus sandalias se enganchaban en las aristas de piedra y le hacían pequeños cortes. Pero nada decía. Quizá se estaba dando cuenta de que iban por otro camino, un camino nuevo, virgen, sin utilizar desde hace mucho tiempo. Era un camino que llevaba a unos parajes subterráneos, llenos de pozos y oscuridad, que su hermano y él habían explorado de niños. Se ganaron un buen castigo una vez cuando un amigo cayó en un hoyo abierto en la negrura y su padre y los vecinos tuvieron que venir a rescatarlo. Pero ellos siguieron frecuentando el vértigo de lo prohibido, la fascinación del peligro. Cuando se hicieron mayores, a veces, recordaban aquellos tiempos con un escalofrío. Podían haberse matado en una de aquellas excursiones.

Paula miraba hacia delante: Lo buscaba con nerviosismo y cada vez caminaba más despacio. Debía estar cansada e impaciente. No sabía lo que le esperaba. Le había preparado un final para salir de aquel callejón sin salida, como decía ella. Claro que había una puerta abierta, nunca la vida apretaba tanto a una mujer como ella: estaba aburrida la alegre e inconformista Paula. Ahora se aburría de él como antes se había aburrido de César, aunque ese era su marido y ella se sometía a la sociedad y a sus exigencias, aunque pusiera de excusa a sus hijos. Pero Luis no se lo iba a permitir. La soledad de la noche y el rugido del mar acompañarían a Paula hasta el espanto, hasta el último minuto de su vida.

Recordaba exactamente dónde se había caído aquel amigo de la infancia, porque había vuelto muchas veces allí, fascinado ante el pozo profundo de la cueva. Una persona sola jamás podría salir de allí, sacudida por la oscuridad y la cortante humedad de las rocas que emparedaban el hoyo.

- Pero, ¿por dónde vamos?. Se está haciendo de noche.

Luis encendió una linterna y se volvió:

- Vamos hacia la casa. Yo pensaba atajar por este lado pero no sé... creo que no se ahorra nada de tiempo. Dame tu mano.

Paula le tendió una mano fría y temblorosa. Cuando Luis miró hacia delante vio la boca negra de la sima que engullía, temporalmente, las rocas y el cielo en un tenebroso manto de humedad y ruido ensordecedor. El mar golpeaba con fuerza, como si quisiera advertir a Paula que, cansada y dolorida, miraba, casi sin ver, con los ojos espantados y la boca contraída en un mohín de llanto.

- Oye....

- - Tranquila, ya casi llegamos.

Luis le habló con dulzura y con inusitada ternura le acarició la mejilla. La noche se extendía con rapidez y las nubes empezaron a soltar su carga de agua a la vez que las lágrimas le resbalaban a Paula por las mejillas. Y eran los dos solos en la soledad de la noche.


III

Es terrible que las cosas que empiezan siendo hermosas siempre tengan un final desagradable. Pero los seres humanos repetimos el ciclo de la vida: nacer, vivir y morir. Así también los sentimientos nacen y mueren. No sabemos si viven o si los mantenemos encendidos con las fuerzas de nuestra pasión. Cuando nos dimos cuenta de que la aventura que Luis y yo teníamos podía traernos más de un disgusto, ninguno dijimos nada, pero sopesamos, estoy segura de que él también, si merecía la pena. Y llegamos a la conclusión de que no. Muchas veces lo hablamos: Estaba bien lo nuestro porque no nos exigía ataduras, no teníamos que fingir. Nos reuníamos cuando queríamos hablar o hacer el amor. Y nos despedíamos, alegres y sinceros hasta el límite.

- Si te apetece, me llamas.

- Lo mismo te digo.

Y las risas subían hasta el cielo. El aire se apuntaba los besos que se daban sin voluntad de ser eternos, sino fugaces. No importaba la voz de la conciencia despertando en la noche. Era lo natural. El camino sin prisa, la quietud de un momento compartido, lejos del aburrimiento de todos los días. Y es que el ser humano tiene que poder elegir estos momentos para apreciar el mundo. Y así nos convencíamos. Soledad sobre soledad, sólo podía conducirnos al camino más solo entre las sombras.

Yo también recuerdo este lugar. Cuando Luis dormía he salido muchas mañanas a desentumecer mis piernas y a descubrir nuevos lugares, ocultos a la mayoría de las gentes. Luis ha vivido aquí pero apenas conoce los alrededores. Yo sí que los conozco. En interminables madrugadas los he hecho míos, los he ido amando poco a poco. Son senderos de nadie, que el mar borra una y otra vez, y después vuelve a restituirlos. Esa cueva es inmensa, llena de agujeros y de trampas. ¿Sabrá Luis por dónde camina?. Veo su mirada feroz y su sonrisa siniestra. De vez en cuando se vuelve y se asegura de que lo sigo. Él también, como César, necesita someter a la gente. Uno planifica mi vida y el otro somete lo que queda: la soledad, la angustia, la rutina. No existe nada por lo que merezca la pena luchar. La desesperación está subiendo los peldaños por mi mente, el ruido del agua se hace ensordecedor.

Luis me tiende la mano: Será mucho más fácil. Me sonríe y leo en su mirada el candor de otros tiempos. Su dedo en mi mejilla está lleno de ternura. Pero llegan las sombras y es demasiado tarde.

Estamos en el pozo, en el agujero profundo que las aguas y el tiempo han ido construyendo poco a poco. Luis se para un instante ante el hoyo sin fondo de la noche. Su grito, de pronto, resuena por encima del rugido del agua. Apenas tengo tiempo de soltar su mano. Todo un mundo se sombras se precipita en el estruendo de la noche.

jueves, enero 26, 2006

Incendio



Fulgores como el vidrio
destrenzados de luz agonizante.
Velos de la humedad, palpitantes de vida,
sobre tu piel de seda.
La distancia que fluye de tu cuerpo
es el más diminuto de los mares,
derramándose en sombras hacia el punto
infinito de sed sobre tu boca.
Es el incendio abierto,
devorado de soles sin remedio.
Es el desgarro suave de los labios
sobre la piel quemada de la tierra.
Es el doblado canto de los ojos
en la frente encendida.
Fulgores como manos que se acercan
a la eterna blancura de las nubes,
dibujando el perfil de tu recuerdo
como una manecer pintado entre las llamas.

lunes, enero 23, 2006

La tarde


La tarde me aprisiona con su abrazo de plomo,
la sensación de asfixia
comunica a mi piel ondas ardientes.
El aire es un latido que derrite
las líneas de tu cuerpo,
tus dedos silenciosos,
la curva de tus labios,
fugaces, como un beso...
De repente las nubes quieren volverse mares,
se abren negros silencios
en la humedad del cielo.
Llueve.
En mi corazón, las gotas silenciosas
emborronan tu imagen.
Durante unos segundos
todo el mundo parece desplomarse.

domingo, enero 22, 2006

Elena se marchó


ELENA SE MARCHÓ



Mario pensó toda su vida que era un buen jugador: Utilizó a sus amigos, se aprovechó de sus familiares y supo encontrar la fórmula mágica que combinaba el encanto y la atracción en su persona. Él quería ser escritor. Desde pequeño, soñaba con los personajes de los cuentos, les daba vueltas en su mente infantil, y acoplaba sus vidas de papel a sus sueños de niño.


Cuando se hizo mayor, el tiempo desparramó todos sus sueños en una tarde plomiza: Julio se desvanecía y el crepúsculo agotaba sus últimos colores cuando Elena se marchó. No dijo nada. Sólo sus ojos cansados se cerraron durante unos segundos antes de cerrar la puerta de la casa para siempre. Nunca volvería. Con ella se llevó la alegría y el calor. Se fueron de su casa el amor y las risas. Sólo quedó el silencio arañando las paredes. Y la soledad se hizo grande como un fruto maduro.


Se acabaron los sueños y los juegos de niños. Definitivamente tenía que ser escritor. Sometería a sus personajes, los doblaría en su carpeta, los abandonaría como la vida lo había abandonado a él. El mundo lo recibió como a la primavera: su frescura era dulce en estos años duros, su tristeza enganchaba a las tímidas muchachas y a los muchachos inmaduros, su encantadora lengua cautivaba a chicos y grandes. Mario seguía jugando.


Las noches se alargaban con la inquietud tardía de los años. Daba vueltas y vueltas en su lujosa cama. Estaba siempre solo. El peso de la ausencia de Elena era demasiado grande y nunca pudo olvidarla. Sólo cuando escribía liberaba esa semilla de venganza que siempre le quedó, como una espina amarga clavada entre las carnes. A veces se decía si sería capaz de buscarla , de hacerle daño. Y siempre se contestaba en la quietud serena de la noche, cuando los largos silencios escarbaban en su alma y él desgarraba el tranquilo candor de sus personajes más hermosos pensando en hacer daño a aquella mujer que lo dejó en las sombras. Ella no volvería. Y el dolor de la noche se convertía en llanto.


El dolor inmenso le recorría las venas y lo llenaba de un amargor áspero que lo inducía al vómito. El insomnio terrible se repetía noche tras noche y le hacía llorar como un niño y blasfemar como un hombre.


Empezaba a escribir, a mutilar más vidas y, cada vez más escandaloso, encandilaba al mundo. Pero nada le bastaba. Su corazón estaba destrozado. Toda su ternura, todo su amor, todo se lo llevó Elena cuando quiso marcharse, cuando le dijo que se iría si volvía a pegarle y a insultarla. Por eso nunca volverá. Está emparedada en un rincón del sótano. Nadie la encontró nunca aunque la buscaron durante largo tiempo.


Y por las noches vuelve para coger su maleta y marcharse de una vez, pero nunca puede traspasar los umbrales de la noche porque hace tanto tiempo que está muerta que se le olvidó el camino que la llevará hacia la libertad.



El silencio me araña el corazón como una fiera que despierta mis terrores en la noche. Me encuentro solo desde que te marchaste, y esta eterna condena de verte desaparecer a cada momento, y no poder tenerte, me tortura hasta la desesperación. Te mataré otra vez, veré qué personaje puede ser sometido a tu miedo y a tu culpa, a tu dolor salvaje. Nos veremos de nuevo.

Duele saber



Para los ecos de un incendio que no acaba de extinguirse.







Duele saber que el mundo
se reduce a tus ojos,
que tus labios de seda
dirigen mis palabras,
que tus dedos despiertan
la inquietud de la noche,
y que todos mis fuegos
los enciende tu voz...
Duele saber que existes
porque no puedo verte,
porque el mundo se para
cuando el silencio llega,
en silencio y sin ti.

Los ojos de la noche

Los ojos de la noche aún buscan tu silencio,
te esperan en las sombras
los reflejos de un mundo

que quiso ser inmenso.
En la noche te esperan el calor y el deseo.
Pero tú ya no estás.
Los ojos de la noche encontraron la sombra
de tu risa alcalina
dormida en otros labios,
encontraron la línea de tus dedos,
dibujando paisajes solitarios
en el jardín perdido de otros sueños.



Los pecados azules

"Tenemos un huerto que cultivar: el de la nostalgia"

Cae continuamente la lluvia en las terrazas de la plaza. Las gotas se deslizan, penetrantes y cautas, hasta el suelo, después de un viaje trepidante, lejano y deshabitado. "Como los estertores de la muerte", que decía Daniel, suaves y y repetidos, lentos e implacables en su aullido apagado.
Dolores mira los encendidos carteles de neón y cuenta las luces, cuadriculando, triangulando, formando intrépidos polígonos, en un juego infinito de medidas sin causa. "Para sentar los pies en esta tierra", me decía. Y yo heredé este juego maniático y dulzón que cala mis huesos como la lluvia triste que resbala por los cristales: asperezas del agua palpitantes de angustia en los cristales negros de tus ojos.
Vibran los ojos ciegos de la noche en su secuencia triste. La crisis, casi siempre, se le pasa a Dolores viendo caer el agua: se emborrona su vida, se enturbian los deseos, y el cuento de los años se convierte en repique de rosario. "Es una hoguera abierta que se enciende muy dentro de mis huesos. Sólo el agua la calma". Volverá otra vez a enardecerse cuando llegue la noche y su velo de lunas nos devore el aliento. Todas las noches negras cayendo como gritos en el fondo del pozo, en el amargo pozo donde se fueron a parar aquellas ilusiones del otoño. "Se fueron con los vientos helados de los años, con los senderos monótonos y envolventes de lo tardío".
Tal vez Dolores nunca supo entreabrir su alma ni se dejó acariciar por las gotas de lluvia. Sólo la sombra muerta del agua, ya caída, le aplacaba la sed.
Es el perfil helado de la muerte el que rasgó su vida. Y se sentó a esperarla.

sábado, enero 21, 2006

Poética

NOTAS SOBRE EL DOLOR
El dolor es antiguo. Hay luchas impotentes, ciegas verdades huecas, tanta palabra a medias, que quedan pocos males sin nombrarse. Y el miedo se desliza en la garganta como una gran serpiente silenciosa. No faltan soluciones cuando el dolor se esconde en una triste causa que llamamos "misión de nuestra vida". Y es rápida la huida. Nos sobran las excusas aunque los huesos se nos queden desnudos en ese gran silencio de los sin esperanza.

Hay que buscar la imagen, la palabra perfecta, el reglaje perfecto que funcione en la sangre como un río de tinta. Hay que encontrar el tiempo, la boca compartida, las miradas ausentes; tenemos que esperar las aguas de las nubes.

El amor lo inventamos. Algunos hombres, sabios, hicieron progresar al ser humano, tirando de la gran masa que se mece en la cesta consumista llevando sólamente indiferencia bajo el brazo. Otros, hombres también, especularon con la intención de recoger dinero en sus muchos bolsillos subterráneos. Y los demás, los hombres, nos quedamos sentados, esperando encontrar algo absolutamente nuevo dormido entre los labios de la vida. Y con pocos recursos, recurrimos al gusto solitario de ser nosotros mismos.

Desde entonces, llueve sin descanso sobre nuestros corazones porque esperamos ajustar nuestros botones pasionales como si fuesen relojes de bolsillo.